Reencontremos el camino (2)

De la serie: «Mérida se nos va»

Por Armando Escalante Morales

Mérida se dirige a elecciones y pronto deberá renovar a sus autoridades municipales. Es ocasión propicia para velar por la mejor oferta, por el mejor liderazgo y especialmente para pensar en la ciudad antes que en nosotros mismos.

No hay cabida o no debiera haberla en los partidos políticos a los candidatos improvisados, o improvisadas. No permitamos que nos gobierne un hombre o una mujer que salió al “quite” o un hombre que a lo mejor la hace. Escojamos a quienes nos merezcamos, pero sobre todo, elijamos a quien pueda gobernar con conocimiento de causa.

La ciudad exige grandes cambios basados en la transformación inicial de la mentalidad de su gente. Pensar en grande no es lo importante como pensar en Mérida. La lógica y el sentido común son mejores herramientas para gobernar que producen reacciones inmediatas sin necesidad de costosas inversiones de dinero en millonarios gastos publicitarios.

El A,B,C, de la ciudad está a la vista. Decenas de proyectos, de metas y propuestas que se plasman en los planes estratégicos trianuales duermen el sueño de los justos, mientras las calles ven caer árboles, casonas y sueños que nos confirman la destrucción del entorno y equipamiento urbano, pero sobre todo que dejan ir para siempre los atractivos y funcionalidad de la ciudad.

Urge una proyección hacia mejores estadios, que la eleven en el escenario nacional e internacional sin necesidad de comprar premios, sin quitarle sus raíces, sin acabar con sus atractivos como suele suceder cada que se aumenta la inversión o se desarrolla la infraestructura.

Para ello exigimos de un buen guía, de unos buenos empresarios, de buenos políticos, que se pongan de acuerdo, que se alíen por el bien común y no por su propio beneficio. Mérida requiere que sus autoridades, sus mejores hombres de negocios y sus mejores autoridades en general, pacten y se reconcilien para que nadie siga atentando contra ella.

La ciudad blanca desaparece porque cada quien esta jalando por su lado, porque no encontramos un líder o una lideresa que nos convoquen a los meridanos con su magia, carisma y empeño para luchar porque nadie la siga destruyendo. Mérida debe cerrar los ojos a los rencores, a las vendetas y sobre todo, vencer el egoísmo que cada quien antepone frente a cualquier negociación o cambio.

Todos de alguna manera quieren conservar su posición frente a los urgentes y necesarios movimientos que hoy reclama esta capital. Nadie parece ceder ante los requerimientos que evidentemente y por los cuatro puntos cardinales muestra la ciudad.

Las heridas están por doquier y sin falsos pesimismos -debemos reconocerlo- la ciudad se nos va de las manos.

Se requiere un gran líder –hombre o mujer- que pueda con sus mejores artes, con la herramienta del compromiso, del diálogo, y de la razón, reconquistar los más duros corazones, vencer los intereses más arraigados y sacar adelante una gran oferta que a todos satisfaga, anteponiendo siempre la conservación y cuidado de la urbe que habitamos.

En suma, Mérida –la del aniversario- nos necesita a todos para elegir mejor a las autoridades pero también para ser mejores ciudadanos. Si esto es nuestra ciudad hoy –aclaro- no es por culpa del actual ayuntamiento ni del anterior o los anteriores, sino de nosotros, los ciudadanos.

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