¿A quien le importa?

Por Armando Escalante Morales

Ocurrió la semana pasada: una empresa farmacéutica que realiza mega inversiones en el Estado terminó una sucursal más, ahora donde antes funcionó una lavandería en pleno Circuito Colonias y prolongación del Paseo de Montejo. El procedimiento que siguió para construir es el mismo que suelen utilizar muchos ingenieros, arquitectos y demás contratistas: en un fin de semana o a punto de empezar un puente, se oculta la propiedad con láminas de cartón y mallas, se tira la casa vieja, se mete mucha maquinaria, se recoge el escombro a toda prisa y en tres días se prepara el terreno para la nueva obra.

Cuando la obra negra ya avanzó –y los cimientos, columnas, y cimbras están preparados-, aparecieron los sellos de clausura colocados por celosos inspectores municipales que llegaron casi a los 10 días. Eso significó que seguiría la edificación, solo que ahora llevando cintas rojas de “clausurado”. Con todo y que estaba cedulado el contorno se levantaron paredes, se colaron los techos y se colocaron los pisos. En realidad una parte del gremio constructor está acostumbrado a pedir perdón en vez de pedir permiso; es la única forma de terminar rápido.

Terminado el edificio sale a la luz la enésima violación a la ley: ha desaparecido el trazo original del borde de la glorieta, se ha modificado el entorno, no hay más que una parte del arriate circular y… ¿la banqueta? ¿dónde quedó? Fácil: fue convertida en propiedad privada, es decir, forma parte del estacionamiento y del área de entrada y salida de los vehículos. Un jardín en la esquina obliga a peatones a caminar por la rampa del estacionamiento. El filo de la calle topa con el arriate.

El Ayuntamiento de Mérida que para muchos no existe pero que en breve todos notaremos lo contrario cuando empiecen a construirse varias avenidas, decenas de kilómetros de calles, se compren vehículos de trabajo y se realicen muchas obras más –por supuesto- de cara al proceso electoral venidero, es el que debió ocuparse de impedir que se roben esa banqueta.

El peatón tendrá que caminar ahora por lo que es el nuevo estacionamiento que está rodeado de pequeños jardines para cumplir con lo que marca el reglamento en materia de áreas verdes, aunque sea ocupando la vía pública. El proyecto arquitectónico es tan agresivo que no se sabe dónde termina la calle y dónde empieza la propiedad de la farmacia y menos se sabe qué fue del espacio peatonal, o cuál es el jardín de la empresa y cuál fue el arriate público. Huelga decir que en los otros tres costados de la Glorieta que circunda la fuente la gente puede caminar sin problema porque siguen conservando sus aceras. No es mucho lo que se están robando, son apenas unos cuantos metros de espacio público pero lo malo es que esta historia se repite a cada rato.

Esto que pasó en la Prolongación del Paseo de Montejo ocurrió hace mucho tiempo en el Circuito Colonias y la antigua carretera a Chuburná: una empresa de automóviles convirtió en “su estacionamiento” por lo menos tres metros de banqueta a lo largo de unos 30 metros que tiene de frente su local, que disfrazó con zacate. Se confunde el pasto verde que está en su propiedad con el que se extiende por el área peatonal.

Lo bueno. Pero no todo es criticable en la actuación de la autoridad municipal: en diciembre se levantó la prolongada clausura impuesta por las oficinas de “desarrollo urbano” en un predio en el norte de la ciudad -convertido en bar- y en cuya azotea se tocaba música viva al aire libre, haciendo tal escándalo que no dejaba dormir a la gente del rumbo. Fastidiados, los vecinos se organizaron y presionaron para que la Comuna hiciera algo.

Un aplauso para el Ayuntamiento de Mérida que –allá si- impuso su autoridad aunque sea presionado por la sociedad. Hoy la bulla se escucha un poco menos. Ese mismo Ayuntamiento ¿será que nos pueda devolver los tramos de banqueta que nos robaron?. Mérida, Yucatán.

Deja un comentario