Tiempo de escribir
Por Armando Escalante Morales
Distraídos los medios con los asuntos del narcotráfico y sus múltiples aristas; entretenida la sociedad en la lectura y repetición de mensajes sobre “toques de queda”, falsas alarmas, baleados que no existen; ocupadas las autoridades gubernamentales en dar con las varias guaridas de los decapitadotes, llegamos a la mitad del mes Patrio con festejos tradicionales como el aniversario luctuoso de Juan Crisóstomo Cano y Cano y el homenaje a los Niños Héroes el día 13, el Grito de Independencia con todo y fiesta en la Plaza Grande la noche del 15 y por supuesto, lo que más gusta a la gente: el desfile cívico militar del día siguiente.
Junto con esas fechas oficiales está también un homenaje privado que la familia de don Víctor Manuel Correa Rachó le hace cada 16 de septiembre a quien fuera presidente municipal de Mérida. Se trata de un ícono del panismo de antaño, cuya figura crece a la distancia mientras se empequeñecen hoy algunos miembros de ese partido que se niegan a asistir a la tradicional ofrenda floral argumentando las más diversas razones.
Como están las cosas en ese instituto político, uno creería que con un mínimo de sentido común, este año que estrenan directiva no habría disputa por la conmemoración de tal acontecimiento pero nos equivocamos: como siempre un bando de ese partido se inclinó por no acudir a la tumba del recordado personaje, organizándole antes, el viernes 12, una mención en un local del PAN.
Me informan panistas connotados que las diferencias persisten porque hay gente en ese partido que ya no quiere seguir escuchando las palabras ciertas, profundas, plenas de mensaje, que ahí pronuncia doña Sarita Mena viuda de Correa. El contenido del mensaje se volvió -por decirlo cordialmente- un tanto incómodo para ciertos personajes que iban a escuchar un regaño de parte de la esposa del homenajeado. Fue premonitorio ya que año con año ella siguió advirtiéndoles del riesgo que corrían ciertos panistas de insistir en la conducta que sin embargo, mantuvieron.
Durante el sexenio pasado la dama les dijo que de seguir así, ellos perderían el poder y eso ocurrió. Digamos que sus advertencias de años atrás nunca fueron escuchadas y que hoy les retumban en los oídos a quienes sordos y ciegos continuaron con la misma actitud de prepotencia e intolerancia que a la postre los puso incluso a punto de ceder la alcaldía de Mérida, en un final de fotografía que el PRI desistió de revisar a detalle al haberse conformado con la parte más grande: ganar la titularidad del gobierno del Estado y la mayoría del Congreso.
Un panista de abolengo me dice que el mensaje tal vez ya no tenga mucho que mirar al futuro porque la realidad los alcanzó y que tal vez ahora esas advertencias se concentren en Mérida, esa que se conduce con cerrazón y que ciega y sorda actúa a espaldas de la sociedad, con individuos poseedores de la verdad absoluta, que han llevado al abismo a propios y extraños y que siguen equivocadamente adorando a las figuras que los han hundido.
Agrega este personaje que al homenaje a Correa Rachó –no sobra decirlo- también asisten los llamados “caras duras” del PAN, que no obstante haber sido piezas importantes de la derrota de su partido, se presentan cínicamente a mirarse las caras con quienes por congruencia se hicieron a un lado de ese instituto político, hartos del clima de absolutismo que ahí se percibe. Por cierto, la presidenta estatal del PAN, Magaly Cruz Nucamendi deberá acudir al cementerio por vez primera en su nueva condición directiva.
Ya no me lo cuentan. Datos, obras, precios, nombres y lujo de detalles conozco sobre la corrupción que impera en la oficina de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Mérida, donde los permisos de uso del suelo cuestan desde 10 mil pesos para giros chiquitos hasta más de medio millón para grandes consorcios que se quieren instalar en Mérida. Son gestionados por “tramitadores” que van desde simples empleados hasta profesionales encumbrados y muy conocidos, familiares de los funcionarios y que hasta duermen con ellos y les llaman esposo, bajo el amparo de que son “muy amigos” de las altas autoridades.
Eso lo explica. La proliferación de negocios de toda índole, de giros prohibidos en zonas distintas a las autorizadas, violando todos los ordenamientos, que semana tras semana se abren en esta ciudad, tiene su explicación en esa red de complicidades. Eso si, sus angelicales caras están muy bien protegidas: seguramente saben dividir muy bien el enorme botín que obtienen. Desde el año pasado escucho que van a correr a la titular de “D.U.”, pero hoy lo pongo en duda con todo lo que me han contado que ahí ocurre.
Ojalá que no sea cierto. Sería una vergüenza que los puentes peatonales del Anillo Periférico se conviertan en sitios para colocar anuncios, pero más vergonzoso sería enterarnos que los pagó una empresa particular con esa condición y no el gobierno del Estado. Y por supuesto sería muy lamentable que el alcalde de Mérida haya dado el permiso a la poderosa empresa que esté detrás para que así sea.
No hay nada que hacer. Los causantes de la destrucción de la ciudad son los mismos que debieran cuidar que esto no suceda. Como le he dicho a mis amigos que aún se dedican a la reporteada: abran los ojos, los malos gobiernos no emanan de partidos políticos en específico ni son privativos de una sola especie o color; son los ciudadanos corruptos que están en todas partes disfrazados de autoridad los que perjudican a la sociedad que, desinformada al fin, se vuelve cómplice de estos funcionarios que siguen haciendo de las suyas.
