Tiempo de escribir
El tren ataca de nuevo
Por Armando Escalante Morales
Algunos analistas están más preocupados por el destino que tendrá nuestra incipiente democracia y por el retroceso a paso veloz que padecemos en muchos aspectos en la vida político-económica del Estado. Se ocupan tanto de eso que no alcanzan a mirar otras cosas que, en este momento, ocurren en Mérida y que, por supuesto, nos afectan de manera inmediata y negativa.
Escribo esto porque cuando las autoridades se animen a intervenir y los actores involucrados se decidan a hacer algo, será porque ya hubo algún muerto o un grave accidente de consecuencias desastrosas. Solo así se tapará el pozo.
Entremos al asunto: la Secretaría de Comunicaciones y Transportes avisa en un boletín que el ferrocarril fue contratado por la empresa Maseca y que esta semana empieza a funcionar. O sea, volverá a pasar por la congestionada y peligrosa calle 60, una o dos veces al día –quizá varias veces por semana- cruzará en la embotellada glorieta del Estadio Salvador Alvarado, pasará por cuatro escuelas, por ocho cortes de camellón, seis pasos peatonales y por 25 paradas de autobús, hasta llegar a la rotonda no menos riesgosa del Centro de Convenciones Siglo 21, seguir frente a Cordemex, llegar a la Siderúrgica, para confundirse en medio de la carretera a Progreso, pasando por la mortal entrada al fraccionamiento Las Américas, donde la gente se juega la vida para entrar o salir y unos kilómetros adelante, entrar por la espuela que conecta a Maseca.
Repito: el ferrocarril de nueva cuenta ha comenzado a circular por las angostas avenidas meridanas y se cruza, en medio del caos vehicular, cerrando el paso en traficados cruceros, avanzando peligrosamente entre kilómetros de arterias donde hay cientos de peatones, automovilistas, ciclistas y, decenas, varias decenas, de autobuses llenos de pasajeros a bordo. No es lo mismo que pase por el resto de su derrotero a que lo haga por esta zona del norte de la ciudad, en medio de tantos planteles escolares.
Creo que la Mérida actual -que no es la misma que la de hace uno, cinco o diez años-, ya no está como para atravesarla con convoyes ferroviarios al mediodía, en la tarde y menos en la noche. Puedo asegurar que nadie moverá un dedo pero alguien tiene que tomarlo en cuenta. Ninguna de las escuelas que están en el peligroso trayecto que recorre la vía tomará cartas en el asunto; las sociedades de padres de familia donde las haya, ni sabrán de qué hablo, ni tampoco los progenitores se ocuparán de organizarse.
Son cuatro instituciones educativas las que hay por la zona. Los alumnos –suman entre 5,000 ó 6,000- están en grave riesgo: dos importantes escuelas públicas y dos particulares una de las cuales ya tuvo un atropellado y muerto por el tren.
¿Que se sugiere? Tener un exacto y preciso control de los días y horarios que el ferrocarril recorrerá la zona –no irá a Maseca cuando se le ocurra o a ver qué pesca-, para situar decenas de agentes policíacos en los casi 20 cortes viales por los que cruzan vehículos y gente, a fin de prevenir con banderolas la aproximación del convoy. No solo con el fuerte silbato de la máquina.
Propongo que en cada escuela haya gente enterada de estos movimientos ferroviarios, que se instruya al personal, maestros y empleados, para que consideren los horarios de cruce. Finalmente, que las autoridades le pidan a la SCT, a Ferrocarriles del Istmo de Tehuantepec, S.A. de C.V y a la empresa que lo contrata, que el servicio no sea en los mismos horarios escolares. Cuando menos que se evite que coincida con la entrada o salida de los alumnos.
Mérida ya no es la misma. La gente se acostumbró a que el ferrocarril no pase y cruza los rieles sin ver a los costados, ni hacer alto. A veces hay que esperar a tener paso sobre unos rieles, por mucho tiempo, debido a los congestionamientos viales. Se requiere entonces hacer algo especial para evitar accidentes. Y es que no me preocupo aún por el llamado tren bala, rápido, ligero o como usted quiera reducirlo. Está más lejos de realizarse que las distancias que propone unir.
Dos felicitaciones y una crítica: La primera. A la policía de Saidén por cerrar con conos los dos cortes de camellón del Circuito Colonias, en su cruzamiento con las calles 32 y 34 del fraccionamiento Montejo y con eso resolver los problemas que generaban los pobres guiadores que intentaban cruzar o dar vuelta en “u” en esos lugares. La segunda felicitación es para el Ayuntamiento de Mérida que se aguantó cortar el camellón para hacer una entrada especial al City Center, supongo fruto de las protestas de mucha gente inconforme con que talarían los árboles; al final, hay que celebrar que no los cortaron sino que los transplantaron y solo unos cuantos se murieron. La mayoría está retoñando.
La crítica. Van a poner nuevos obstáculos a la vialidad, o sea semáforos en la confluencia de la calle 21 de la colonia Buenavista y la Av. Campestre: es un crucero muy difícil de resolver y debió encontrarse alguna alternativa como impedir la vuelta a la izquierda de los que salen de esa arteria (calle 38) y buscan tomar la transversal (21) hacia el oriente.
Pero bueno, ya todo es inútil. No adoptan grandes remedios, para nuestros grandes males. Prefieren poner topes y semáforos. El mal tránsito que tenemos es a imagen y semejanza de los conductores locales. Los defeños sí saben manejar, cederse el paso, usar su carril y marcar las direccionales. Además, no andan pajareando cuando manejan.
¿Verdad que hay cosas más importantes que preocuparse día y noche únicamente por el actuar cívico de una sociedad apática y convenenciera? ¿O será que todo está ligado?
