A propósito de las turbulencias

Tiempo de escribir

A propósito de las turbulencias

Por Armando Escalante Morales

Me llama la atención el rumbo que han tomado algunos opinadores tras conocer el resultado de las informaciones contenidas en las cajas de registro de voz y datos del Lear Jet 45 que se desplomó en la ciudad de México, luego de confirmarse las sospechas que muchos tuvimos: todo se trató de la turbulencia, por errores cometidos por piloto y copiloto y de algunas otras negligencias y omisiones.

El resultado de las investigaciones, tan pulcramente explicado por autoridades de varias dependencias federales, con la resolución de decenas de expertos ingleses y norteamericanos, echó por tierra las versiones estúpidas que veían en esto una conspiración de alcances desconocidos.

Este triste suceso, que costó la vida al titular de Gobernación Juan Camilo Mouriño y a otras 14 personas más, ha puesto en boca de analistas, gran cantidad de temas e interpretaciones que van desde lo serio, hasta lo realmente patético.

Como siempre, los rumorólogos y los todólogos de café, dieron su mejor aportación y pusieron las versiones más descabelladas en boca de todos enfatizando sobre los móviles del percance. Desde los que sugirieron que la nave fue tirada por un misil, hasta los testigos que dijeron haber visto a gente de corte de cabello militar y trajes mal puestos en la escena del accidente, diciendo: “está entregado el paquete”, pasando por el plan malévolo orquestado desde Los Pinos, para deshacerse de un funcionario incómodo. ¡Cuánta bajeza!

Igualito pasó con las muertes de Colosio, del Cardenal Posadas, de Ruiz Massieu, de Ramón Martín Huerta; o con la caída de las torres gemelas y el jet que se estrelló en el Pentágono y con tantos otros sucesos que, teniendo los detalles de cómo pasó todo y hasta las confesiones de autores materiales e intelectuales de varios de esos, hechos -con asesinos que aceptan todo-, caen en el terreno del cuestionamiento a priori y a posteriori, absurdamente, para terminar en el conocido sospechosismo que se practica en este país, elucubrando cualquier cantidad de conjeturas y ridiculeces que son las que alimentan al pueblo.

Todo parece indicar que para mucha gente, las cosas no se terminan con el esclarecimiento oficial tan pulcro que han hecho las autoridades informando que todo se debió a la turbulencia e impericia: ahora resulta que el gobierno es censurado por no tener mejores y costosos aviones, por no pagar a pilotos más caros y por no gastar más dinero en esos menesteres. ¿Quién los entiende?

Ya se les olvidó a esos mismos que hoy censuran al gobierno por tacaño, las severas críticas que hicieron contra las autoridades por el uso de aviones privados y de transportes especiales para los funcionarios. Apenas hace uno o dos sexenios, que los medios pusieron la lupa en los gastos por viajes y giras, propiciando fuertes cambios en el uso de los recursos en esa materia. ¿No se acuerdan que los funcionarios aprendieron a viajar en naves comerciales por tanta crítica periodística?

Con la entrega de los resultados del accidente, enseguida afloró el criterio rigorista pero sobre todo reduccionista con que se manejan algunos de estos generadores de opinión, que califican de pobres o nulos los controles para la contratación de personal, para la compra de aviones y de otros bienes de esta índole.

Ahora, los lorets, lópez-dórigas y los ciros, con la prepotencia que los caracteriza y que los convierte en “los pensadores de la Nación” -dictadores y rectores de la conciencia nacional-, se apresuran a descalificar a la administración federal por no gastar más en la seguridad de sus integrantes… olvidando que a diario proliferan reportajes y publicaciones en la prensa que acusan a los políticos de tener una vida privilegiada, contar con guardias, escoltas, suburbans, etcétera, “mientras el pobre pueblo no tiene nada”. Congruencia pura.

Este accidente pronto puso a todos en su lugar y aquellos que criticaban al gobierno por derrochador y gastador, hoy proponen que los políticos tengan más y mejores servicios, que se invierta más en gastos de contratación de personal especializado, como mejores pilotos y en la adquisición de aviones más caros y que no se compren con los mismos criterios con que concursan la compra de papel de baño: por lo más barato.

Capital político a la basura. Mentes inútiles que abundan en las esferas del poder, son las que no pudieron hacer nada para mover el desfile del 20 de noviembre ya sea de fecha, horario, y o de trayectoria para no desquiciar la vida de esta pobre y descompuesta ciudad de Mérida. En Campeche, más inteligentes, lo adelantaron al día inhábil, el 17, para no fastidiarse solos. En Toluca lo suspendieron. Aquí no hay remedio les encanta perder adeptos, no solo amigos y pronto, hasta votos.

Deja un comentario