Simulación

Por Armando Escalante Morales

Insultar al PAN o a sus militantes, descalificarlos, ofenderlos, culparlos de sus yerros y reclamarles sus equivocaciones en público, “decirles sus verdades”, no puede componer de la noche a la mañana lo que llevó seis años en destruirse. Menos lo hará arremeter contra los que fueron funcionarios de la administración anterior, al calificarlos por sus conductas o excesos, por sus arbitrariedades o por sus incongruencias. Nada de eso puede bastar para lograr el propósito de enmienda.

Esto lo traigo a colación por el foro que organizó el PAN el martes 25 de noviembre de 2008, para conocer lo que piensa la sociedad de ese partido y de sus militantes, a partir de la estrepitosa derrota que solo –un grupo reducido y cupular- no midió ni vio venir. Quienes se equivocaron no solo deben saber que lo hicieron sino que tienen que demostrar, cuando menos públicamente, que lo han entendido para que nada de lo que hicieron se vuelva a repetir.

Primero se necesita que los aludidos, que los señalados con ese índice acusador, acepten el descalificativo que les endilgan y tal vez después, solo después, habría que suponer y creer -con gran riesgo- que no lo volverán a repetir… en caso de retornar al poder. Pero eso es sumamente difícil.

Ya lo he dicho otras veces: teniendo todo, habiendo realizado lo que ningún otro gobierno en materia de obras y de administración, modernización, etcétera, etcétera, todos se dejaron llevar por el espejismo de lo logrado, creyendo que con eso bastaba para ganar la siguiente elección. No vieron antes, como no lo ven ahora, que no bastan los números ni los resultados, sino también cuenta el trato que se le dé a la sociedad.

El gran daño que todos se hicieron fue, primero que nada, por idolatrar precisamente a quien es el único responsable de sus males y aceptarle que cometiera excesos y caprichos, fue el principio del fin.

Mientras algunos se van con la finta y creen que con flagelarse en público resolverán sus males, otros ven con pesimismo que no hay remedio, ni tampoco cuerpo que lo aguante.

Hay que decir que el PAN pudo –y en lo sucesivo podrá- ahorrarse la celebración de esta clase de foros y sobre todo, prescindir de la escucha de tantos epítetos y descalificaciones de gente ajena a ese partido que, en voz alta o por escrito, les enderezan a manera de reproche por haber perdido las elecciones.

Alguien con gran inocencia dijo que “es un buen principio que quieran reconocer sus errores…”, pero de inmediato se le corrigió: “aquí nadie está reconociendo los errores… solo los están escuchando”. Falta saber si comparten esas ideas.

La investigadora Gina Villagomez con gran tino hizo una serie de señalamientos sobre los pleitos internos que hicieron blanco seguramente donde debían, solo que no hemos podido ver dónde hicieron diana.

Que descalifiquen a los líderes panistas por haber funcionado como una agencia de colocaciones, por haber inscrito y casi obligado a cientos de personas a afiliarse a ese partido bajo consignas o presiones o mediante la consecución de un puesto en el gobierno, no es la solución de los males de este instituto político.

Y no lo es porque ahí dispersos entre los asistentes estaban sentados los causantes indirectos del daño a ese partido y no se les vio asentir positivamente que efectivamente eso propiciaron. Al contrario, algunos reprobaron lo que estaban escuchando. Ellos saben que tuvieron que actuar obedeciendo órdenes.

Pero no le den vueltas, ya se ha dicho antes: lo único que tienen que hacer es reconocer su equivocación quienes la hayan tenido. Y esto se puede hacer más rápido y más fácil de lo que se imaginan.

Como no basta criticar, propongo que un buen día de estos, aquel que se obstinó en destruir a sus compañeros de partido que no estaban con él, que contaminó el proceso interno, que designó a sus empleados amigos como candidatos, que se empeñó en imponer a un mal abanderado -al peor de todos según las encuestas-, y que impulsó triquiñuelas para hacerlo ganar, se pare frente a un micrófono y simplemente diga: “si, yo, Patricio Patrón me equivoqué al imponer a Xavier, lo reconozco y me arrepiento y lo vengo a decir públicamente para que no se repita y se le siga causando daño a mi partido”.

Esta es la única autocrítica que el PAN tiene que realizar ante la sociedad, porque lamentablemente, nadie más se equivocó, solo aquel que tuvo en sus manos la designación, aunque le hayan dado forma de elección interna. Piénsenlo sin falsas autoflagelaciones. El problema tiene nombre y la mayoría lo sabe. En un acto de humildad sincera, él mismo autor de la derrota así debería actuar. Ni siquiera el que fue el mal candidato que hoy censura, se tiene la culpa.

Debo reconocer que buena parte de lo que aquí plasmo, palabras más, palabras menos, se lo escuché decir a un connotado panista, que se llama Luis Correa Mena, en relación con este foro. Yo lo suscribo y pregunto: ¿quieren ahora escuchar lo que no oyeron advertir año tras año a doña Sarita Mena de Correa?.

Muerto el niño. Apenas tenía once años cuando se tuvo que enfrentar a la ineficiencia del mundo de los adultos. Me refiero al niño que murió al estrellarse contra un paño de vidrio transparente colocado como pared en un hotel de Cancún.

El dolor que invade a su familia debiera ser suficiente para que alguien tome medidas, allá, aquí y en todas partes y creo que en aras de que esto no se repita, debemos poner atención a ese triste suceso.

Este accidente debería ser suficiente para de inmediato promulgar una ley, decreto o disposición reglamentaria, que diga con toda claridad, que en los lugares donde se coloquen ventanas o paredes de cristal –desde el suelo hasta el techo- se deberán adosar, pegar, pintar, dibujar o esmerilar, suficientes rayas, emblemas, cintas, calcomanías, y/o suficientes señalamientos que hagan evidente y visible la presencia de un vidrio al paso de la gente. En los países civilizados estas marcas se ponen en dos niveles para que sean visibles por niños a 50 centímetros de altura y un poco más arriba, para que las vean los adultos.

Pero como siempre, debo admitir que esto no lo harán ni los regidores, ni los diputados ni las demás autoridades. ¿Por qué? Pues muy sencillo, el sentido común es el menos común de los sentidos. Y, claro, también porque a nadie le interesa lo que le pase a los demás. Descanse en paz Iván Ramírez Higuera.

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