Tiempo de escribir
Por Armando Escalante Morales
A unas horas de que los partidos políticos muestren sus cartas y nos enteren de quiénes serán sus candidatos o precandidatos a diputados federales, el ambiente político del Estado parece complicarse y dejar al descubierto las maniobras que los grupos de poder ponen en práctica para, mediante golpes bajos, intentar meter sus cartas, quitar otras y presionar para alcanzar mejores posiciones.
Blanco fácil ha resultado para la oposición dirigir sus baterías a quienes suenan como aspirantes a una curul federal o bien, tienen la bendición de la señora Gobernadora para lograrlo. Se supone que uno de los candidatos del PRI a una diputación es el secretario de Gobierno, Rolando Zapata Bello, quien aglutina las filias y las fobias de propios y extraños.
Funcionario que en todo su primer año le pasó lo que a los santos que no son adorados, por no ser vistos, el segundo hombre del gabinete tuvo un comportamiento sui géneris: trató de ser cauteloso, no explotó su imagen para nada y, como dicen mis amigos reporteros, pasó agachado, sin meterse en conflictos graves o enfrentarse con alguien.
Se guardó tanto para no ser el malo de la película que nunca -en un año completo- Rolando se metió donde no lo llamaban. Eso mereció que en la calle se dijera que solo la Gobernadora daba la cara generando en el gabinete un ambiente de crítica hacia el funcionario, en voz baja, “porque no hace nada”.
De unos meses para acá, las cosas cambiaron y contra su costumbre de no aparecer o hacerlo poco, el Lic. Zapata Bello empezó a “rostrearse”, cambió su rutina, empezó a bajar de peso –corrió la mitad del maratón de la ciudad o sea, 21 kms.- y se quitó de encima más de 20 kilos de peso que lo han convertido de plano, en otra persona.
Eso bastó para que, las plumas enteradas, lo señalen como el próximo candidato a diputado federal por el Distrito Tres, que se supone ganado por el PRI o cuando menos que haga el intento de ganar el Cuarto, que se dice, está “medio ganado”. Rumbo a ese propósito, hace un mes –como si fuera un deseo de año nuevo- todo cambió: el funcionario empezó una campaña de medios, y a 17 meses de estar en la misma silla, de pronto salió a explicar qué es la Secretaría de Gobierno, qué hace y cómo, en todos los noticieros de radio y teve posibles.
Esa exhibición pública encontró pronta respuesta y se le empezó a candidatear en los círculos priístas como el próximo abanderado de su partido por alguno de los distritos que confluyen en Mérida y, en un exceso de pronósticos, hasta se le vislumbró como el próximo alcalde de Mérida. La gran cantidad de puestos y cargos que ha repartido desde su posición actual como número dos del Equipo Yucatán, lo convierten en el funcionario más poderoso en cuanto a respaldo y amarres de la administración estatal se refiere, después de la propia Gobernadora. Nadie que esté en el poder tiene tantos colaboradores, amigos e incondicionales repartidos en el gabinete, lo que, por supuesto, enojó a los demás grupos apenas empezó el gobierno.
Cuando estaba en esa luna de miel con la prensa y todo parecía ir sobre ruedas, aquellos conflictos que dormían y despertaban cada cierto tiempo, sin repercusiones, de pronto parecieron juntarse y, como por arte de magia, de pronto empezaron a ser nota de primera plana: la semana pasada estalló de nueva cuenta un lío en Chichén Itzá, donde un grupo de agitadores movilizó a cientos de venteros de piratería y mercancía china –ellos dicen que son artesanos y venden productos elaborados con sus propias manos-, para lanzarse y revivir la vieja disputa por usar un acceso en medio de una propiedad privada que es de la familia Barbachano y sucesores. Es un lío que amenaza con paralizar la zona y obligar a la intervención de las fuerzas federales.
Al mismo tiempo, se venía “cocinando” un lío con el Alcalde de Peto –enclavado en el 5º Distrito- cuyos hijos mantienen en jaque al pueblo que, harto de aquellos, inició en ese municipio un movimiento cívico que, en cualquier momento, se puede activar para que cunda por todo el estado, apenas se le ocurra a alguien hacer un apagón de ciudades donde la gente no quiera a sus autoridades.
En simultáneo brotaron los problemas de Sotuta –también en el 5o Distrito- entre los grupos de priístas y panistas –estos últimos tienen el poder- y se reavivaron las quejas contra los alcaldes de Tizimín y Valladolid, que representan políticamente un filete importante ante el próximo proceso electoral, al estar enclavados en el Primer Distrito federal.
Además de esos asuntos, salió a relucir la idea, quién sabe de quién, de pretender meter una iniciativa ante el Congreso del Estado para reformar el Código Civil en el caso de los matrimonios, a fin de poner a Yucatán a la moda con el mundo moderrrno y el D.F., para permitir que se casen personas del mismo sexo, con todos los derechos y obligaciones que eso conlleva. Tema por demás ruidoso, difícil, que enseguida levantó a la Iglesia Católica la cual, de ser necesario, sacará gente a la calle para defender los principios que enarbola a favor de la familia. Por si no bastaran los focos rojos que tienen los priístas encima, de la noche a la mañana salieron los tradicionales grupos de presión que defienden sus libertades y preferencias diversas que, por supuesto motivarán a sus contrarios a defenderse. Quien lo dude, que espere solo unos días más.
Como era de suponerse, el más afectado por el surgimiento de todos estos focos rojos parece ser el Secretario de Gobierno, Rolando Zapata Bello quien ya hacía maletas –dicen unos- para irse del puesto. Súbitamente, el funcionario dio la cara para atender el caso de Sotuta y dejó las declaraciones cómodas y tranquilas que lo caracterizaban, para entrar al terreno de las explicaciones políticas sobre heridos y detenidos, “gaseados” y turbamultas sofocadas.
Un giro de 180 grados mantiene ocupado al presunto candidato dando entrevistas sobre el diálogo y el mantenimiento de la calma -con antimotines- en Sotuta donde los inconformes lanzan consignas contra el gobierno y se dicen engañados por el Lic. Zapata, cuyas decisiones fueron desafiadas con intentos de tomar nuevamente el palacio municipal. Su tono cordial de que todo está en paz, quedó atrás para hablar ahora de puros líos, lo que le valió hasta el reconocimiento de sus oponentes en el PAN.
Hay que añadir que otros conflictos de tipo político como el de Peto y el de Celestún, tienen el común denominador de ser ocasionados por los alcaldes emanados también del PRI. En el primer caso, los pleitos generados por el primer regidor, con sus hijos y demás familiares, amenaza con salirse de control toda vez que los vecinos se han organizado en una inusitada batalla cívica que podría extenderse como ejemplo a todo el estado. Un apagón y otras manifestaciones de inconformidad, así lo confirman.
Otro foco rojo está en Celestún, donde el alcalde Braulio Gómez Chacón ha pedido por favor –según fuentes bien informadas- que lo releven de ese cargo pues el quebranto económico no lo deja vivir: no tiene para pagar sueldos, no tuvo para los aguinaldos, pidió prestado, debe, y tampoco tiene para costear alguna obra. Es la realidad municipal en la vida política de un municipio que, se supondría, debiera estar entre los mejor atendidos no solo localmente, sino por el gobierno federal, por el futuro turístico que tiene y por la posición estratégica que representa en materia de desarrollo hotelero.
Y no solo el Sur y la Costa se convulsionan. En el oriente del Estado, Tizimín y Valladolid, no cantan mal las rancheras: sus ediles son torpedeados a diario en todos los espacios posibles como buenos pueblos chicos: son infiernos grandes. Esto sin que se tome a mal, es muy propio de las comunidades pequeñas en las que la gente parece no tener otro objetivo más que denostar a quien llegue al poder, tengan o no razón de hacerlo.
Progreso, es un caso aparte, donde la suma de los conflictos en otros municipios del Segundo Distrito y la actitud de las autoridades, le restarán, sin duda, miles de votos al PRI porque a nadie le ha interesado atender las quejas por la basura, un problema sin resolver por la alcaldesa, que inunda el puerto.
A unos días de los destapes, ese es el clima que recibirá a los precandidatos y que los seguirán en sus campañas. Y es que no estamos hablando del desempleo, la crisis y los cierres de empresas, que han empezado a registrarse en el estado, tema que seguramente incidirá en el ánimo de quienes acudan a votar.
La vuelta al pasado. La historia del “Chino”, bolero de la Plaza Grande que fue reprimido por su sindicato hace unos años y que hizo solidarizarse a propios y extraños, se repite con el caso de otro veterano limpiabotas que de nuevo es presionado por el gremio al que perteneció y del que se tuvo que salir porque no lo ayudó frente a un problema.
Le contaba a un amigo que por su rebeldía, el aseador de calzado se había convertido en un ser libre, digno de apoyo y admiración… bla… bla… cuando de pronto, mi interlocutor me atajó el comentario y ¡me sacó de mi error! “Eso era antes…, cuando a todos nos importaba como ciudadanos ayudar a defender a quienes eran perseguidos. Un cambio de partido nos enseñó –me dice- que, en todos lados se cuecen habas y que los que eran malos, no lo fueron tanto y los que se juraron buenos, también hicieron de las suyas”. Claro, aquí el gobierno no tiene nada que ver, pero tampoco se ve que lo puedan apoyar a que no lo fastidien en su oficio ni lo persigan hasta correrlo de la Plaza.
Tan que ya cambiaron las cosas –me dijo- que ¿no te fijaste que la nota salió a una columnita, perdida en interiores? Cierto, por algo dicen que todo por servir, se acaba. Incluso la lucha cívica.
