Tiempo de escribir
Por Armando Escalante Morales
Con el proceso electoral que se avecina muchas cosas van a definirse, como por ejemplo, el futuro de la ciudad de Mérida en cuanto a autoridades legislativas federales se refiere, que servirá para empezar a marcar el rumbo que tendrán los comicios municipales para renovar la alcaldía de esta capital.
En el PRI ya se sabe quiénes serán los cinco contendientes por una curul de la cámara baja, entre los cuales destacan los dos que abanderan los distritos 3 y 4, con cabecera en esta ciudad y que, sin tener bola de cristal, se pueden convertir en los próximos aspirantes a la presidencia municipal de Mérida. Ya se da por descontado, en algunos sectores, que las dos cartas de ese partido para buscar la alcaldía meridana saldrán, necesariamente, de entre Angélica Araujo Lara y Rolando Zapata Bello. Ellos son, para los priístas, los candidatos “naturales” para disputarla al PAN. Claro que primero deben salvar el gran escollo que representa una sociedad meridana que, en su mayoría, ha sido mayoritariamente panista.
El día 1o de Febrero, seguían sin definirse los nombres de los abanderados del PAN. Solo habían menciones para dos damas yucatecas: Carolina Cárdenas Sosa y Cecilia Patrón Laviada de Paz, como las favoritas.
En sectores más pesimistas de ese partido, se piensa que cualquiera que vaya irá al matadero dado el avance que ha logrado el PRI. Los triunfalistas en cambio, que se sienten ganadores de la pasada contienda estatal –les ha ido mejor que si hubieran ganado la gubernatura-, conservan el optimismo tan alto, que ya sienten que en la próxima presidencia municipal habrá, sin duda, una alcaldesa, pero siempre panista.
No obstante, para otros analistas que ven con menos pasión esta contienda, el PAN no tiene mucho de dónde moverse y está a punto de tomar una decisión histórica, que marcaría la vida política para siempre a ese partido. Al cierre de esa edición, así estaban las cosas.
Peligroso primer paso. Un grave error se cometió desde las esferas del poder al permitir que unos cuantos acaudalados empresarios del transporte perjudicaran a personas que necesitaban transitar por el anillo periférico, con la caricatura de “protesta controlada” -cual sindicato blanco- solo para enfilar sus baterías contra el gobierno federal, por el elevado precio del diésel. Vaya inteligencia, afectar a otros yucatecos que usaban esa transitada arteria, con un falsa manifestación y simplemente para la foto.
Comparto el derecho que tienen de quejarse y, apoyo sus ideas de que no suba el combustible. Me parece una petición suficientemente válida. Lo que no está bien es que se coludan con el gobierno del Estado para aparentar que se quejan, en la orillita de la ciudad, simulando una caravana de protesta. ¿Por qué está mal? Muy sencillo, los demás sectores, que no saben de esos arreglos bajo el agua, que ignoran que la protesta fue pactada y autorizada desde la calle 61, querrán en su momento, marcar su territorio de presión y cuando sientan afectados sus intereses, acudirán ahora si a estrangular el periférico en protesta por cualquier cosa. Como a vieron que se puede bloquear un rato una vía, sin que pase nada –y hasta la policía va a apoyarlos-, el día menos pensado les puede dar ganas de imitar lo malo y clausurar cualquier carretera, avenida o calle de Mérida. En México las marchas y plantones empezaron con una al año…que nadie disolvió. Hoy que son cuatro diarias, menos pueden hacer algo.
Me informan que varios transportistas locales obedecen -única y exclusivamente- a los dictados del PRI, al cual están afiliados. Y por supuesto, le tienen terror a la Gobernadora. Si se animaron a realizar semejante disparate al estilo D.F. –hacer una caravana ocupando dos carriles de esa vía-, es porque contaron con el Vo.Bo. de sus jefes. O lo que es lo mismo, si les decían que no hicieron tal plantón, simplemente trincaban los dientes y se callaban. No se trata de que jueguen a presionar a los panistas del gobierno federal, sino que no rebasen la peligrosa frontera de la protesta, afectando a los demás. Si quieren protestar contra Calderón –y empezar las patadas ahora que vienen las elecciones- que tomen la carretera a Campeche, sigan a Tabasco, continúen de Veracruz hasta Puebla y de ahí al D.F., donde se encuentra la residencia oficial de Los Pinos.
Y como dice el primo de un amigo, si el PRI va a consentir que sus agremiados –como los que están en su propia directiva- convoquen a perjudicar a otros con paros y cierres de calles, los ciudadanos podemos empezar a convocar a los demás a reprobar esa actitud y, más aún, podemos repetir que los que estrangularon el Anillo Periférico, de “chentetuz”, pertenecen a ese partido.
“Pena les debe dar a esos multimillonarios dueños de flotillas de trailers, tortons y rabones, salir a protestar por el precio del diésel; en realidad lo que les molesta es que están atrapados debido a que no pueden subir los fletes ni los pasajes porque se quedan sin clientes. “Como se acercan las elecciones –sostiene-, necesitan conseguir el dinero que les pedirán en su partido, como siempre”. Cuando menos, es lo que dice el primo de un amigo.
Otra del transporte. Hay quienes creen que el problema del transporte es un asunto de precios y tarifas o de autobuses viejos; los más conformistas le achacan a la escasa educación de los choferes, el mal servicio que se presta. Ojalá fuera tan sencillo. El verdadero mal es que ningún dueño de empresas del norte puede entrar al sur y estos tampoco pueden al oriente o al poniente. El actual esquema de concesiones y el anacrónico sistema de la tablilla de chocolate no lo permiten. El daño real es que, aunque pudieran, muchos dueños no quieren ni siquiera intentarlo. Tienen miedo a lo desconocido.
El poder del gobierno del Estado ahora estriba en romper ese esquema: hacer que los buenos socios de la Alianza, puedan llegar hasta el norte de la ciudad y los de la Unión de Camioneros lo contrario. Se tiene que romper la frontera imaginaria que delimita una división añeja de la ciudad, que solo podrá ser superada con la llegada con otros inversionistas del ramo si es que estos insisten en negarse a dar pasos hacia la modernidad.
El éxito, al final de este gobierno será lograr que cuando menos una o dos rutas de autobús –si no es que más- vayan desde el Sur hasta el Norte y viceversa. Lo mismo de Oriente a Poniente, o bien, que mediante algún sistema de boletaje electrónico, la gente pueda volver a subirse a otro transporte por el mismo pago, conservando su ticket. Se trata de un reto muy grande, tomando en cuenta el atraso empresarial y administrativo que viven muchas empresas del ramo.
No se necesitan instalar los costosísimos sistemas satelitales, ni los geoposicionadores, ni paraderos con techo y anuncios y demás chucherías electrónicas que, por supuesto, ningún empresario camionero piensa adquirir, a menos que sea con dinero de otro, como por ejemplo, de los impuestos. Lo que les hace falta a los dueños de camiones es que se den de alta fiscalmente, que contraten taquillas para venta de boletos, que el dinero entre a una cámara de compensación –lo que lo vuelve auditable fiscalmente- y que sus choferes no manejen dinero. Tarjetas de prepago, recargables y boletos de varios viajes a menor precio, son las respuestas a sus fugas de dinero. De ese modo, no habría tantos rollos y cuentos sobre el transporte.
