La autoridad no necesita mucho esfuerzo para enfrentar a una sociedad. Basta con darle paso franco a la barbarie, a la sinrazón y al no diálogo. Practica esta secuencia de errores y te llenarás de enemigos, tus aliados te abandonarán y, pronto, hasta tus protectores, te darán la espalda.

Lamentable conducta de la autoridad que cae en el error de hacer caso omiso a los múltiples llamados, incluso, de sus propios simpatizantes. De ese modo, el camino es sin retorno…
