Años se dijo que llegaría el futuro. Hoy no solo llegó sino que ya está de salida.
Y me refiero al uso de tecnologías ya tan comunes y al alcance como un teléfono inteligente, o Smartphone.
Lo que si no es congruente es el mal diseño de la red, su lentitud en crecer y lo peor, su ancho de banda.
Si fuera agua, no saldría suficiente por el tubo. Tampoco subiría a un segundo piso. Menos saldría continuamente, o sea, sería un chorro débil, fino o delgado y discontinuo. Así pasa con nuestros datos en internet, lo que la gente llama Wifi.
Y es que en México, los famosos ‘datos’ son casi un artículo de primera necesidad que todos requieren en la vida diaria, solo que no lo saben, o por estas deficiencias, no pueden darle buen uso.
La mayoría usa los datos para sus redes sociales, bajar videos, conversar por wasap, pero también para vivir; es decir, ahí tiene comunicación con su familia, con su trabajo, con la tienda, con sus aficiones, con sus amigos, etcétera. Vía su equipo inteligente vive y subsiste, eso cuando no es su herramienta principal de trabajo o negocio, como ya ocurre en millones de casos en el mundo, donde un teléfono smartphone es la fuente de ingresos fundamental o única.
Así las cosas, tener datos suficientes, rápidos y sin cortes, da vida a la vida. Mueve la economía, genera recursos, hace funcionar las cosas.
Es por ello que el trazo de una red telefónica, como su funcionamiento eficiente, son ya parte del presente, que todos los días se vuelve pasado con los avances tecnológicos.
Que una ciudad funcione como es debido, no solo es porque tiene buenas calles, avenidas y hospitales; fuentes de empleo, policía y gobierno, sino porque sus habitantes tienen comunicación, buena comunicación.
