Tiempo de Escribir
Por Armando Escalante Morales
El cierre de calles que tanto desesperó y contrarió a miles de personas el 20 de noviembre pasado, debido al tradicional desfile –en pleno día hábil-, es exactamente el mismo que ocurre un viernes de Carnaval, que también es día laboral, y es igualito al lunes de la Noche Regional que parte en dos a Mérida, cuando se cierra la misma ruta para que pasen carros alegóricos y unas comparsas de disfrazados.
Solo cito estas dos fechas debido a que el resto del tiempo, sábado, domingo y martes de carnestolendas, se supone que no hay actividades laborales en la ciudad o cuando menos disminuyen considerablemente. Esos días por “usos y costumbres”, la ciudad y sus habitantes reducen en buena medida sus actividades y, por tanto, el megacongestionamiento vial solo perjudica a unos cuantos y no a muchos miles.
El viernes, sábado y lunes de Carnaval las comparsas marchan de noche, pero todo se arma desde la tarde, cerrando las calles muy temprano para acomodar sillas y dejar pasar a los dueños de los palcos. Domingo y martes, el paseo es al mediodía pero no hay labores y el tráfico se reduce mucho.
Así las cosas, el cierre de calles por culpa de Momo pareciera que a nadie hace cortarse las venas. El cambio de rutas de autobuses y combis, el perjuicio a quienes cruzan el primer cuadro para ir a su oficina, las demoras y rodeos para que los servicios de emergencia, importan menos, aunque de todos modos ocurren. Tal vez no son noticia porque no los decreta o impone el gobierno del Estado sino el Ayuntamiento de Mérida que, parece nada, navega protegido con la anuencia de quienes acuden a ese festejo.
Salvo un amigo locutor que tiene que trabajar todos esos días y se ve perjudicado para llegar a su cabina de radio, en pleno centro, la demás gente acepta, a regañadientes y en voz baja, tener que padecer los problemas viales que, increíblemente ocurren por que así lo disponen las autoridades.
Los días de Carnaval, de todos modos se desquicia el tránsito –igualito o peor que como sucede cuando se organiza el desfile del 20 de noviembre o el 16 de septiembre, cayendo en día hábil pues son 5 días- pero es más grave porque al terminar el festejo, el derrotero sigue cerrado con gente que está emborrachándose, regando basura, haciendo sus necesidades en la vía pública, lanzando envases y latas en batallas campales entre policías y pelafustanes, con saldo de heridos y detenidos. El resumen es convertir en un asco amplio sector de la ciudad. Pese a eso, repito, nadie se corta las venas ni reclama a las autoridades. El silencio es evidente.
En el 2009, el Carnaval será del 20 al 24 de febrero. El Día de la Bandera lo van a tener que organizar combinando la batalla del martes con la marcialidad de los homenajes al Lábaro Patrio. En la Plaza Grande o en el Monumento a la Bandera, nuestra enseña Patria estará atrapada entre palcos, sillas, gradas y alambradas. Por fortuna, queda libre el Asta Monumental –en Cordemex- para desviar la ceremonia.
Pero… al año que viene, el alcalde de Mérida tiene en sus manos la brillante pero difícil decisión de reubicar el derrotero del Carnaval para impedir que se divida en dos la ciudad y se perjudique a miles de meridanos esos cinco días, tal y como ocurrió aquel 20 de noviembre. A él le sería muy fácil efectuar el cambio gracias a que tiene muy buenas, magníficas relaciones con muchos medios de prensa, estaciones de radio y televisión y, prácticamente nadie le negaría su apoyo para probar un cambio en este evento. Va de por medio el enorme gasto publicitario que despliega su administración.
De hecho, una orden suya bastaría para que las firmas cerveceras se cuadren ante él y cambien su fiesta a donde él la reubique, obedeciendo sin chistar.
El presidente municipal de Mérida, en un acto de grandeza puede mover el festejo cuando menos de una manera convenida –con las empresas que millonariamente se van a beneficiar- e invitarlas a escoger entre dos opciones: usar las flamantes instalaciones de Xmatkuil o irse a la avenida 128 frente a las oficinas de Desarrollo Urbano, que tiene suficiente espacio para dar cabida a todos los puestos, por tener un camellón gigante, anchos carriles, al menos en un largo tramo, donde el derrotero puede ir por un sentido y volver por el otro, haciendo más vistoso el recorrido.
En los jardines centrales se pueden poner las tarimas y vialmente no se perjudica a nadie porque la avenida tiene calles paralelas alternas, además de que al ser un circuito, el largo de acortaría.
La otra opción, es Xmatkuil: ahí pueden celebrar el primer Carnaval mejor organizado, vistoso y elegante de una ciudad como Mérida, con tiendas, puestos, restaurantes, estacionamientos, baños, teatros, todo en un solo sitio y cómodas instalaciones. El transporte no sería problema: como suelen hacer las autoridades en los mítines, pueden alquilar decenas de camiones para llevar a la gente gratuitamente a las instalaciones de la Feria. De este modo, se beneficiaría todo mundo.
Aunque todo esto es poco probable que lo haga César Bojórquez pues no querrá arriesgar su capital político, el alcalde pasaría a la historia porque estaría contribuyendo a cortar de tajo el mal que se le hace a la ciudad, con la borrachera que hoy se arma en el Paseo de Montejo, que no solo afea sino que daña nuestra imagen.
Quede claro que un simple paseo no afecta a esta avenida, sino el festejo posterior, con barra libre y escándalo toda la noche, que se organiza en las tarimas que ponen las cerveceras, el que da al traste con el festejo. Si solo se hiciera el desfile de carros y comparsas y luego cada quien a su casa, no habría problemas.
Ya he dicho varias veces que no hay que confundir el Carnaval con la bacanal que se arma en las tarimas de las empresas cerveceras, asociadas con cadenas de radiodifusoras y televisoras, para promover el consumo de bebidas y a sus artistas. El primero es un desfile que reúne el entusiasmo de quienes participan, que ponen su dinero, que compran sus disfraces, ensayan y bailan, sin otro ánimo de por medio. Lo segundo, es un asunto netamente comercial, donde dos compañías compiten por ver quien le quita más dinero al pueblo, emborrachándolo y luego desentendiéndose de él. No pueden negar que se ha venido a menos nuestra fiesta y que asistir, implica un enorme riesgo para la familia.
Conclusión 1. No hacer nada por reubicar tan lamentable espectáculo del Paseo de Montejo es lo mismo que han hecho otros ediles; es dejar que esto se convierta en un mal necesario, que se siga perjudicando ante los ojos de propios y extraños nuestra imagen, dañando la más importante avenida que tenemos, permitiendo por siempre cada domingo o martes de Carnaval que sea una zona llena de basura, de borrachos y de riesgos por tantos tanques de gas juntos en los puestos, en los carros de marquesitas, chicharrones y demás fritangas, con gente hacinada en medio de gradas y barandales de hierro, con alambradas cerrando los negocios, sin mucho lugar donde escapar en medio de una conflagración o emergencia. Esperamos una desgracia para cambiar.
Conclusión 2. Solo falta que al finalizar el Carnaval nos salgan con que van a remodelar el Paseo de Montejo mediante millonaria suma, incluyendo la reducción de sus anchos carriles, para hacerle una ciclopista, escarpas nuevas, camellones, pavimento y alumbrado público modernista. Pero ¿para qué remodelarlo? ¿para darle en la torre el siguiente año con otro Carnaval?
A la basura. Entre las miles de cosas que se desecharon al cambiar de autoridades, también se tiró aquel plan para entregar credenciales auténticas e infalsificables que inició la administración anterior. Hoy, los que tienen el transporte no saben qué hacer con el problema de las micas falsas y ya tienen a los dueños de los autobuses encima pidiendo que les aumenten la tarifa y que se cancelen esas identificaciones. Ni se compraron los lectores, ni las credenciales con chip, ni se hizo nada. Ni se va a hacer.
Guadalupanos. Como cada año, los antorchistas llegarán a San Cristóbal el 12 de diciembre y, si nadie hace nada, ni promueve una campaña de concientización, ni pone letreros en las carreteras alertando sobre su presencia, varios serán atropellados. No falla: año tras año, como una muestra de la ineficiencia humana, muchachos y muchachas, adultos y niños, mueren en su peregrinar a esta ciudad. No bastan las escoltas motorizadas que les pone la policía ni hay suficientes carropatrullas. Hay que darles reflejantes, chalecos o cualquier elemento para que no les pasen encima los cafres que circulan en nuestras carreteras.
